Monday, May 17, 2010

Caminares


Tura de Turas

Daniela Pavetto

Introducción



Hablemos de lo abstracto y de lo subjetivo. Abstracto, es aquello que no es concreto. Lo no figurativo. Así como Mondrian, Kandinsky y muchos otros.

Lo subjetivo. Aquello que no es objetivo. Que depende del cristal con que se mire. Así como todos, todos y cada uno de nosotros.

Somos seres subjetivos, y la objetividad solo es un concepto, un rejunte de palabras, la objetividad no existe. Lo que nos importa es que, somos seres subjetivos, nos valemos de lo que hemos oído, vivido, visto, sentido, tocado, escrito, dibujado para decir lo que decimos, pensar como pensamos, oír lo que oímos. Todo de nuestro punto de vista, del cristal que tengamos en nuestras manos.

Me atrevo a decir que también somos seres abstractos. No concretos, no figurativos. Inentendibles, a veces tan inentendibles hacia nosotros mismos. Así como Mondrian, Kandinsky y muchos otros.

Nos valemos de las palabras, así como si fueran cosas, como si las tuviéramos guardadas en nuestros bolsillos, junto con las monedas para el colectivo, a los papelitos de los caramelos favoritos y los restos de papel después del lavarropas.

Es así como nos valemos de las palabras, como si supiéramos que son. Que significan. Como si fueran nuestras, y solo nuestras y también de todos y tan de nadie que nuestras.

Y cuando nos valemos de las palabras, nos valemos de conceptos. Conceptos ya asentados, establecidos por alguien que no conocemos para así, entendernos cuando nos comunicamos. Entendernos y no entendernos. Hacernos cargo, y también, no hacernos cargo.

Y es aquí, donde en medio de conceptos, palabras, abstracciones y algo más. Detrás del telón, se asoma la Literatura. La Literatura con L mayúscula. Y me hago cargo.

La Literatura, como concepto ya definido, pero no para mí. No para mí, para afuera. Pero si para muy adentro. Concepto tan abstracto y subjetivo como uno mismo. Como Kandisky, Mondrian y muchos otros.

Entonces, es aquí cuando esto que se está escribiendo toma sentido. Tratar, no solo de sentir la literatura si no de sacarla con palabras, de mi bolsillo, y entender cada una de ellas y ellas en general.

Definir. Eso trato. Definir las palabras y la literatura. Crear conceptos. Conceptos al margen de los ya establecidos. Estar al borde de no entender, de no entenderme. De ser, una vez más, humano. Equivocarme, y volverme a equivocar. Tropezar dos veces con la misma piedra y recorrer caminos, perder la llegada, volver y tomar otro camino. Abstraerme y ser la subjetividad con todas sus letras.

Todo es literatura, y con ella, las palabras.

Tura de turas

“(…) Nuestra verdad tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo.”[1]

Y es ahí donde me pregunto, ¿Desde cuándo escribimos?, ¿Desde cuándo leemos?, ¿Desde cuándo existe esto que hoy llamamos literatura?

Si comenzamos por el principio, hablemos de lo que la palabra significa, en sentido estricto, literatura viene del latín littera, que significa letras. Es en el siglo XVII cuando el término se utilizaba para la poesía y, un siglo más tarde, se comenzó a utilizarla para el conjunto de actividades que utilizaban la escritura como medio de expresión.

Si hablamos de “medios de expresión”, generalmente, hablamos de las artes, de las turas, entonces, podemos comenzar a hablar de la literatura como arte con palabras. Arte con aquello que usamos todos los días, arte para expresarnos, plasmar lo que pensamos, sentimos, queremos, criticamos.

Es en el siglo XX donde quiero situarme. Y tomar la palabra de algunos autores que definieron que era esto de la literatura.

Sartre plantea que la literatura es comunicación. Y plantea la relación del lector con el libro. “(… )el libro me remite a mí mismo”[2]. Es el libro el poseedor material de la literatura, las palabras, el poder de ellas. ¿Cuál es el poder de la literatura? Lo tiene por sí misma. Mientras esto es expuesto, Semprún quiebra diciendo que la literatura no tiene poder alguno ya que, su poder, su función, su sentido no se arraigan ni desembocan en un poder, cualquiera que el fuere.

XXI. Y ahora cabe preguntarme ¿Por qué leemos? O ¿Por qué leo? Leo para sentirme viva leo porque puedo, porque me llena, “porque sí, por leer”[3], aunque no sepa el porque, leo, porque leyendo soy un poquito yo misma, un poquito lo que leo, un poco de nada y de todo al mismo tiempo. Leo porque sé que después de eso, no sé que irá a pasar, que iré a sentir, quien pasaré a ser. Leo porque me remito a mi misma, me encuentro un poco mas, me pierdo un poco mas, me pregunto y me dudo.

Y ahí esta, parada en frente de uno, la Literatura con L mayuscula, y de nuevo me hago cargo. Ahí, con sus multiples nombres, Rayuela, Larrosa, Eco, Las venas abiertas, Relato de un Naufrago, Homero, La Divina Comedia y así, una y otra vez nos topamos con ella, simplemente por el arte de leer, de leernos y buscarnos y no encontrarnos.

Eso es Literatura.

Subjetividad. Y no concretismo. Abstracción. Así como Mondrian, Kandinsky y muchos otros.

Aquello y esto

Una vez más, para comenzar la búsqueda, y salirme del margen, hablemos de las palabras.

“En gramática tradicional, una palabra es cada uno de los segmentos limitados por pausas o espacios en la cadena hablada o escrita, que puede aparecer en otras posiciones, y que está dotado de una función.”[4]

Muchas veces no entiendo, esta es una de esas tantas veces. Cuando no entiendo, releo. Releo y de nuevo no entiendo o, mejor dicho, no comprendo y cuando no comprendo no aprehendo. Y eso no me sirve, no nos sirve. Y es ahora cuando me corro. Doy un paso al costado. Agarro otro camino.

Y quiero saber, más allá de los segmentos limitados por pausas o espacios, ¿Qué son las palabras?

“...cuando yo comprendo una palabra, es necesario evidentemente que tenga conciencia de que la comprendo. De otro modo, la palabra y la comprensión se hunden en la noche. (...)
...cuando tengo conciencia de comprender una palabra ninguna palabra viene a intercalarse entre mí y yo mismo: la palabra, la única palabra de que se trata está delante de mí, como lo que es comprendido... es necesario que sea comprendida, pues de otro modo es un sonido inútil”[5]

Al momento de apartarme de la primera definición que expuse, debo mencionar, que, si alguna definición buscaba, no la encontré. Es por eso que cité una vez mas a Sartre, que, maravillosamente, se acerca a eso que estoy tratando de exponer con mis palabras, las que saco de mi bolsillo. Pero, no todo está resuelto.

Y así sigo buscando. La palabra, es una tura por sí sola. Esconde, confunde, atraviesa, arma, desarma, se nos mete, nos aplasta, nos condiciona, nos aparta, nos silencia, nos pega, nos arrastra, nos levanta, nos hace grandes, pequeños, flacos, gordos, largos, anchos, nadie, todos, y de a poco nos apoderamos de ella, o ella de nosotros y ahí, las guardamos, las amamos, las confiamos, las escondemos y caemos en la eterna lucha, o eterna duda de no saber si ella nos pertenece o nosotros le pertenecemos a ella.

Conclusión

Es realmente maravilloso sentir que cuanto mas leo, menos sé, y más quiero leer. Cuando reveo las preguntas que me hice antes de comenzar este trabajo, me doy cuenta de que tenemos tanto por llenar y nos queda tan poco tiempo para eso.

Pequeños nosotros que nos valemos de tantas cosas que al fin y al cabo terminar siendo pequeñeces y estamos frente a algo que no podemos manejar con nada a nuestro alcance. Y todo esta más allá. Inalcanzable. Inentendible.

Quiero remitirme a una de las tantas preguntas que trate de contestar. ¿Qué es la literatura? ¿Qué son las palabras? Acá se encuentra mi problema. Pero ya no soy la misma, ya crecí y me achiqué, ya me queda un paso menos que dar frente a los interminables que quedan por delante.

El hombrecito de chaqueta corta


contempla el prado horizontal del mar

al pie de un imponente pedestal

que sostiene el gigante de los libros

-el cual parece todo un gran señor

con sombrero y gabán sobre volúmenes-

que cubre con su sólido paraguas

al hombrecillo que no tiene libros.

Debe estar lloviznando mansamente

porque las tres gaviotas vuelan bajo.

El pequeño no cree que ha de irse

a otro confín; ni quiere suicidarse

pues ni puerta precisa para hacerlo.

Quizás el sueñe igual que lo hago yo

si a la alfombra del mar me asomo acaso;

Pero no me protege nadie a mí.

También –ya sin los libros que deje-

he pensado como Virginia Wolf

llenar de peso todos mis bolsillos

metiéndome en el agua hacia la nada.

Y voy juntando trozos de adoquines

que encuentro en mis paseos. Pero no me decido

y los devuelvo a la ciudad a sus calles

que forman los momentos de mi ser.

José Agustín Goytisolo – Los Momentos de mi Ser

Y lo que acá termina, recién empieza.

Bibliografía

  • BUCHHOLZ, Quint. El libro de los libros, historias sobre imágenes (1998). Editorial Lumen. España.
  • CORTÁZAR, Julio. Rayuela (1963). Editorial Alfaguara. Buenos Aires, Argentina.
  • LARROSA, Jorge. La experiencia de la lectura, estudios sobre literatura y formación (2003). Editorial Fondo de Cultura Económica. México.
  • SARTRE, Jean Paul. Las palabras (2003). Editorial La Página; Editorial Losada. Buenos Aires, Argentina.
  • SARTRE, Jean-Paul; DE BEAUVOUR, Simone. ¿Para qué sirve la literatura? (1970). Editorial Proteo. Buenos Aires, Argentina.
  • http://es.wikipedia.org/wiki/Palabra#Morfolog.C3.ADa_y_componentes_de_la_palabra
  • http://www.psicoanalisis-s-p.com.ar/homenaje_sartre007.htm


[1] CORTÁZAR, Julio. Rayuela (1963). Editorial Alfaguara. Buenos Aires, Argentina. Pág. 532.

[2] SARTRE, Jean-Paul; DE BEAUVOUR, Simona. ¿Para qué sirve la literatura? (1970). Editorial Proteo. Buenos Aires, Argentina. Pág. 94.

[3] LARROSA, Jorge. La experiencia de la lectura, estudios sobre literatura y formación (2003). Editorial Fondo de Cultura Económica. México. Pág. 16.

[4] http://es.wikipedia.org/wiki/Palabra#Morfolog.C3.ADa_y_componentes_de_la_palabra

[5] http://www.psicoanalisis-s-p.com.ar/homenaje_sartre007.htm

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