Al margen….
Viviana Esdberg
Leo para mí, con el otro, para otros. Es un recorrido aparentemente caótico. Aparente, sólo en ese momento. Leo con la cabeza en alto, una “lectura irrespetuosa”, como establece Barthes, porque la interrumpo una y mil veces, me voy a otros textos, a otras lecturas y vuelvo. Vuelvo para nutrirme. Leo y me molestó, porque la lectura me interpela, me sacude, me despierta de la inercia que la cotidianeidad me sumerge a la fuerza, día a día. Leo por obligación, leo por gusto, leo con pasión. Leo, con un lápiz en la mano, y un ojo puesto en mi biblioteca. Leo y escribo en los márgenes mi lectura. Leo y escribo. Escribo y leo.
Hoy, después de varios meses de haber comenzado el curso, vuelvo a recorrer los textos, pero mi recorrido es distinto. Leo sólo lo que quiero, ya los conozco, me he apropiado de los ellos. Me detengo en sus márgenes para poder leer mi escritura que aparece, a veces, con fuerza y otras, borrosa: ¿Hay realmente una crisis de lectura? ¿No será que han cambiado los modos de leer? ¿Es casual que estos discursos circulen en determinados ámbitos y en otros no? Me acuerdo del texto “Lágrimas de cocodrilo” de Graciela Montes, lo escribo en una orilla para no olvidarme. Continuo dando vuelta las hojas, y mis preguntas reaparecen, ya no en los márgenes, sino sobre el propio texto , no con lápiz, no suavemente, ahora en rojo, con furia : “¿ Qué parámetros se utilizan para medir “ la capacidad lectora” de los chicos? ¿Acaso la lectura se puede “medir”? ¿Esos parámetros son iguales en los distintos países, en las distintas provincias de la Argentina, en los diferentes barrios de una ciudad, en las distintas escuelas? ¿Serán iguales los modos de leer de un salteño que de un porteño? ¿Leerá de la misma manera un francés que un boliviano? ¿Tendrá el boliviano las mismas posibilidades de acceso a la cultura escrita que un francés?. Me viene a la cabeza Graciela, y sus lágrimas. No se por que. Bueno, creo que si se. La recuerdo sentada, con mi compañera de cátedra y yo. Ella lloraba, nosotras atribuíamos su llanto a la emoción, era su última materia. Graciela habló, había logrado recibirse, quería decírselo a sus padres analfabetos que había podido, que se podía. Ella habló, nosotras callamos, no nos salía una palabra. ¿Estará ella incluida dentro de los “Alumnos argentinos últimos para leer y escribir”- La Nación- 2003? ¿Estaría Graciela destinada al fracaso, si hubiéramos considerando que proviene de una familia analfabeta o débilmente dotada de capital cultural? Esbozo una sonrisa, ya no de rabia, sino de ironía. ¡Cuánta razón tiene Bernard Lahire!. Continuo leyendo doy vueltas algunas hojas que se mezclan, a igual que mis sentimientos. Aparece en grande “El dominio de la lengua escrita es condición de inclusión social”, vuelvo a Graciela con sus lágrimas y pienso en su inclusión. Una sensación de tristeza me invade, espero que no le toque vivir otras nuevas exclusiones. ¿Dónde estará? ¿En qué escuela ejercerá como docente? Pienso en mí, en mis propias exclusiones y me preguntó: ¿Bastará sólo el dominio de la lengua escrita para evitar la exclusión?. Continuó mi recorrido, siempre sobre los márgenes, en la orilla, sobre el límite. Aparecen palabras sueltas, Conceptual, procedimental, actitudinal, expectativa de logro, capacidades, comprensión lectora, ¿Comprensión lectora?.... palabras rígidas, cerradas, formateadas, escasamente personales que pueblan las escrituras de los docentes, la mía. ¿Escribo para “dar cuenta” de lo que hago, o escribo lo que pienso, lo que experimento, lo que siento?. Experimentar-Sentir, dos vocablos que nos permiten re-pensar la educación, o como dice Larrosa pensarla desde otro lugar. Experiencia, materia prima del relato, de la narrativa .Narramos para dar sentido a esa experiencia, para organizarla para, entenderla. Narrar., narrarnos para hacernos visibles. Hacernos visibles para poder definirnos como sujeto. Construir nuestra identidad, singular, abierta en movimiento. Me viene a la cabeza la palabra ciudadanía. Pienso en Michele Petit. Pienso en Graciela que pudo pensarse y definirse fuera del término “analfabeto”.
Continuo leyendo, pero ahora mi propio texto, ese que he ido construyendo a medida que iba recorriendo el curso. Ese texto que se encuentra escrito en mi conciencia lectora. Recurro a él para reflexionar sobre lo que me sucedió durante este tiempo y me viene a la memoria, mis escrituras, otros textos, otro texto: “El poeta hindú Tulsi Das, compuso la gesta de Hamuman y de su ejército de mono. Años después, un rey lo encarceló en una torre de piedra. En la celda se puso a meditar y de la meditación surgió Hanuman con su ejército de monos y conquistaron la ciudad e irrumpieron en la torre y lo liberaron[1]”.No creo en las casualidades.
Gracias por haberme acompañado en este viaje. Gracias por haber irrumpido en mi torre para liberarme.
[1] Burton, R “ La obra y el poeta” en “Antología de la literatura fantástica” de JLBorges, A Bioy Casares y Silvina Ocampo
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