Tuesday, May 25, 2010

Monday, May 24, 2010

Apuntes

Apuntes… apuntes sobre experiencias de lectura….
Angelina Baldengo

Algunas líneas de lecturas adheridas a la piel…. Encuentros… desencuentros… entre los registros teóricos y el enigma del viaje del lector… esos momentos entre las lecturas posibles…. Del deber ser… y de las otras…

Tender puentes a nuevos mundos posibles,

El acercamiento a la palabra del pensamiento narrativo literario, pero también a los sonidos y los silencios…. Con los personajes que cobran existencia con la lectura, escribiendo la lectura en el que escucha y en el que lee….

“El libro es una extensión de la memoria y de la imaginación” desliza Borges…el libro posibilita una experiencia que resuena en cada quién de múltiples y diferentes maneras…. Tiende puentes, construye redes de significado en lo que se encuentran tanto las semejanzas como las diferencias…se pone en juego la posibilidad de la palabra….

Palabra…que se dice… que se escucha… que se siente… que cobra sentido quedando en el aire para ser tomada por quien quiera atraparla y volverla a resignificar.
Un libro, una palabra en el aula es una voz siempre distinta, un cuerpo que se mueve…una risa… una carcajada… un llanto exagerado…Una voz textura de una tristeza, un gesto con un mirada de miedo…


Un libro en el aula es también, un silencio, cargado de significado, un conjunto de voces que construyen sentidos…
Un libro en mano de un docente significa tomar la decisión de vivir la experiencia de leer…. De ser escuchado…”la decisión del que el texto nos diga lo que no comprendemos, es decir lo que no sabemos leer” subraya Larrosa….

Monday, May 17, 2010

Al margen...



Al margen….

Viviana Esdberg

Leo para mí, con el otro, para otros. Es un recorrido aparentemente caótico. Aparente, sólo en ese momento. Leo con la cabeza en alto, una “lectura irrespetuosa”, como establece Barthes, porque la interrumpo una y mil veces, me voy a otros textos, a otras lecturas y vuelvo. Vuelvo para nutrirme. Leo y me molestó, porque la lectura me interpela, me sacude, me despierta de la inercia que la cotidianeidad me sumerge a la fuerza, día a día. Leo por obligación, leo por gusto, leo con pasión. Leo, con un lápiz en la mano, y un ojo puesto en mi biblioteca. Leo y escribo en los márgenes mi lectura. Leo y escribo. Escribo y leo.

Hoy, después de varios meses de haber comenzado el curso, vuelvo a recorrer los textos, pero mi recorrido es distinto. Leo sólo lo que quiero, ya los conozco, me he apropiado de los ellos. Me detengo en sus márgenes para poder leer mi escritura que aparece, a veces, con fuerza y otras, borrosa: ¿Hay realmente una crisis de lectura? ¿No será que han cambiado los modos de leer? ¿Es casual que estos discursos circulen en determinados ámbitos y en otros no? Me acuerdo del texto “Lágrimas de cocodrilo” de Graciela Montes, lo escribo en una orilla para no olvidarme. Continuo dando vuelta las hojas, y mis preguntas reaparecen, ya no en los márgenes, sino sobre el propio texto , no con lápiz, no suavemente, ahora en rojo, con furia : “¿ Qué parámetros se utilizan para medir “ la capacidad lectora” de los chicos? ¿Acaso la lectura se puede “medir”? ¿Esos parámetros son iguales en los distintos países, en las distintas provincias de la Argentina, en los diferentes barrios de una ciudad, en las distintas escuelas? ¿Serán iguales los modos de leer de un salteño que de un porteño? ¿Leerá de la misma manera un francés que un boliviano? ¿Tendrá el boliviano las mismas posibilidades de acceso a la cultura escrita que un francés?. Me viene a la cabeza Graciela, y sus lágrimas. No se por que. Bueno, creo que si se. La recuerdo sentada, con mi compañera de cátedra y yo. Ella lloraba, nosotras atribuíamos su llanto a la emoción, era su última materia. Graciela habló, había logrado recibirse, quería decírselo a sus padres analfabetos que había podido, que se podía. Ella habló, nosotras callamos, no nos salía una palabra. ¿Estará ella incluida dentro de los “Alumnos argentinos últimos para leer y escribir”- La Nación- 2003? ¿Estaría Graciela destinada al fracaso, si hubiéramos considerando que proviene de una familia analfabeta o débilmente dotada de capital cultural? Esbozo una sonrisa, ya no de rabia, sino de ironía. ¡Cuánta razón tiene Bernard Lahire!. Continuo leyendo doy vueltas algunas hojas que se mezclan, a igual que mis sentimientos. Aparece en grande “El dominio de la lengua escrita es condición de inclusión social”, vuelvo a Graciela con sus lágrimas y pienso en su inclusión. Una sensación de tristeza me invade, espero que no le toque vivir otras nuevas exclusiones. ¿Dónde estará? ¿En qué escuela ejercerá como docente? Pienso en mí, en mis propias exclusiones y me preguntó: ¿Bastará sólo el dominio de la lengua escrita para evitar la exclusión?. Continuó mi recorrido, siempre sobre los márgenes, en la orilla, sobre el límite. Aparecen palabras sueltas, Conceptual, procedimental, actitudinal, expectativa de logro, capacidades, comprensión lectora, ¿Comprensión lectora?.... palabras rígidas, cerradas, formateadas, escasamente personales que pueblan las escrituras de los docentes, la mía. ¿Escribo para “dar cuenta” de lo que hago, o escribo lo que pienso, lo que experimento, lo que siento?. Experimentar-Sentir, dos vocablos que nos permiten re-pensar la educación, o como dice Larrosa pensarla desde otro lugar. Experiencia, materia prima del relato, de la narrativa .Narramos para dar sentido a esa experiencia, para organizarla para, entenderla. Narrar., narrarnos para hacernos visibles. Hacernos visibles para poder definirnos como sujeto. Construir nuestra identidad, singular, abierta en movimiento. Me viene a la cabeza la palabra ciudadanía. Pienso en Michele Petit. Pienso en Graciela que pudo pensarse y definirse fuera del término “analfabeto”.

Continuo leyendo, pero ahora mi propio texto, ese que he ido construyendo a medida que iba recorriendo el curso. Ese texto que se encuentra escrito en mi conciencia lectora. Recurro a él para reflexionar sobre lo que me sucedió durante este tiempo y me viene a la memoria, mis escrituras, otros textos, otro texto: “El poeta hindú Tulsi Das, compuso la gesta de Hamuman y de su ejército de mono. Años después, un rey lo encarceló en una torre de piedra. En la celda se puso a meditar y de la meditación surgió Hanuman con su ejército de monos y conquistaron la ciudad e irrumpieron en la torre y lo liberaron[1]”.No creo en las casualidades.

Gracias por haberme acompañado en este viaje. Gracias por haber irrumpido en mi torre para liberarme.

[1] Burton, R “ La obra y el poeta” en “Antología de la literatura fantástica” de JLBorges, A Bioy Casares y Silvina Ocampo



Caminares


Tura de Turas

Daniela Pavetto

Introducción



Hablemos de lo abstracto y de lo subjetivo. Abstracto, es aquello que no es concreto. Lo no figurativo. Así como Mondrian, Kandinsky y muchos otros.

Lo subjetivo. Aquello que no es objetivo. Que depende del cristal con que se mire. Así como todos, todos y cada uno de nosotros.

Somos seres subjetivos, y la objetividad solo es un concepto, un rejunte de palabras, la objetividad no existe. Lo que nos importa es que, somos seres subjetivos, nos valemos de lo que hemos oído, vivido, visto, sentido, tocado, escrito, dibujado para decir lo que decimos, pensar como pensamos, oír lo que oímos. Todo de nuestro punto de vista, del cristal que tengamos en nuestras manos.

Me atrevo a decir que también somos seres abstractos. No concretos, no figurativos. Inentendibles, a veces tan inentendibles hacia nosotros mismos. Así como Mondrian, Kandinsky y muchos otros.

Nos valemos de las palabras, así como si fueran cosas, como si las tuviéramos guardadas en nuestros bolsillos, junto con las monedas para el colectivo, a los papelitos de los caramelos favoritos y los restos de papel después del lavarropas.

Es así como nos valemos de las palabras, como si supiéramos que son. Que significan. Como si fueran nuestras, y solo nuestras y también de todos y tan de nadie que nuestras.

Y cuando nos valemos de las palabras, nos valemos de conceptos. Conceptos ya asentados, establecidos por alguien que no conocemos para así, entendernos cuando nos comunicamos. Entendernos y no entendernos. Hacernos cargo, y también, no hacernos cargo.

Y es aquí, donde en medio de conceptos, palabras, abstracciones y algo más. Detrás del telón, se asoma la Literatura. La Literatura con L mayúscula. Y me hago cargo.

La Literatura, como concepto ya definido, pero no para mí. No para mí, para afuera. Pero si para muy adentro. Concepto tan abstracto y subjetivo como uno mismo. Como Kandisky, Mondrian y muchos otros.

Entonces, es aquí cuando esto que se está escribiendo toma sentido. Tratar, no solo de sentir la literatura si no de sacarla con palabras, de mi bolsillo, y entender cada una de ellas y ellas en general.

Definir. Eso trato. Definir las palabras y la literatura. Crear conceptos. Conceptos al margen de los ya establecidos. Estar al borde de no entender, de no entenderme. De ser, una vez más, humano. Equivocarme, y volverme a equivocar. Tropezar dos veces con la misma piedra y recorrer caminos, perder la llegada, volver y tomar otro camino. Abstraerme y ser la subjetividad con todas sus letras.

Todo es literatura, y con ella, las palabras.

Tura de turas

“(…) Nuestra verdad tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo.”[1]

Y es ahí donde me pregunto, ¿Desde cuándo escribimos?, ¿Desde cuándo leemos?, ¿Desde cuándo existe esto que hoy llamamos literatura?

Si comenzamos por el principio, hablemos de lo que la palabra significa, en sentido estricto, literatura viene del latín littera, que significa letras. Es en el siglo XVII cuando el término se utilizaba para la poesía y, un siglo más tarde, se comenzó a utilizarla para el conjunto de actividades que utilizaban la escritura como medio de expresión.

Si hablamos de “medios de expresión”, generalmente, hablamos de las artes, de las turas, entonces, podemos comenzar a hablar de la literatura como arte con palabras. Arte con aquello que usamos todos los días, arte para expresarnos, plasmar lo que pensamos, sentimos, queremos, criticamos.

Es en el siglo XX donde quiero situarme. Y tomar la palabra de algunos autores que definieron que era esto de la literatura.

Sartre plantea que la literatura es comunicación. Y plantea la relación del lector con el libro. “(… )el libro me remite a mí mismo”[2]. Es el libro el poseedor material de la literatura, las palabras, el poder de ellas. ¿Cuál es el poder de la literatura? Lo tiene por sí misma. Mientras esto es expuesto, Semprún quiebra diciendo que la literatura no tiene poder alguno ya que, su poder, su función, su sentido no se arraigan ni desembocan en un poder, cualquiera que el fuere.

XXI. Y ahora cabe preguntarme ¿Por qué leemos? O ¿Por qué leo? Leo para sentirme viva leo porque puedo, porque me llena, “porque sí, por leer”[3], aunque no sepa el porque, leo, porque leyendo soy un poquito yo misma, un poquito lo que leo, un poco de nada y de todo al mismo tiempo. Leo porque sé que después de eso, no sé que irá a pasar, que iré a sentir, quien pasaré a ser. Leo porque me remito a mi misma, me encuentro un poco mas, me pierdo un poco mas, me pregunto y me dudo.

Y ahí esta, parada en frente de uno, la Literatura con L mayuscula, y de nuevo me hago cargo. Ahí, con sus multiples nombres, Rayuela, Larrosa, Eco, Las venas abiertas, Relato de un Naufrago, Homero, La Divina Comedia y así, una y otra vez nos topamos con ella, simplemente por el arte de leer, de leernos y buscarnos y no encontrarnos.

Eso es Literatura.

Subjetividad. Y no concretismo. Abstracción. Así como Mondrian, Kandinsky y muchos otros.

Aquello y esto

Una vez más, para comenzar la búsqueda, y salirme del margen, hablemos de las palabras.

“En gramática tradicional, una palabra es cada uno de los segmentos limitados por pausas o espacios en la cadena hablada o escrita, que puede aparecer en otras posiciones, y que está dotado de una función.”[4]

Muchas veces no entiendo, esta es una de esas tantas veces. Cuando no entiendo, releo. Releo y de nuevo no entiendo o, mejor dicho, no comprendo y cuando no comprendo no aprehendo. Y eso no me sirve, no nos sirve. Y es ahora cuando me corro. Doy un paso al costado. Agarro otro camino.

Y quiero saber, más allá de los segmentos limitados por pausas o espacios, ¿Qué son las palabras?

“...cuando yo comprendo una palabra, es necesario evidentemente que tenga conciencia de que la comprendo. De otro modo, la palabra y la comprensión se hunden en la noche. (...)
...cuando tengo conciencia de comprender una palabra ninguna palabra viene a intercalarse entre mí y yo mismo: la palabra, la única palabra de que se trata está delante de mí, como lo que es comprendido... es necesario que sea comprendida, pues de otro modo es un sonido inútil”[5]

Al momento de apartarme de la primera definición que expuse, debo mencionar, que, si alguna definición buscaba, no la encontré. Es por eso que cité una vez mas a Sartre, que, maravillosamente, se acerca a eso que estoy tratando de exponer con mis palabras, las que saco de mi bolsillo. Pero, no todo está resuelto.

Y así sigo buscando. La palabra, es una tura por sí sola. Esconde, confunde, atraviesa, arma, desarma, se nos mete, nos aplasta, nos condiciona, nos aparta, nos silencia, nos pega, nos arrastra, nos levanta, nos hace grandes, pequeños, flacos, gordos, largos, anchos, nadie, todos, y de a poco nos apoderamos de ella, o ella de nosotros y ahí, las guardamos, las amamos, las confiamos, las escondemos y caemos en la eterna lucha, o eterna duda de no saber si ella nos pertenece o nosotros le pertenecemos a ella.

Conclusión

Es realmente maravilloso sentir que cuanto mas leo, menos sé, y más quiero leer. Cuando reveo las preguntas que me hice antes de comenzar este trabajo, me doy cuenta de que tenemos tanto por llenar y nos queda tan poco tiempo para eso.

Pequeños nosotros que nos valemos de tantas cosas que al fin y al cabo terminar siendo pequeñeces y estamos frente a algo que no podemos manejar con nada a nuestro alcance. Y todo esta más allá. Inalcanzable. Inentendible.

Quiero remitirme a una de las tantas preguntas que trate de contestar. ¿Qué es la literatura? ¿Qué son las palabras? Acá se encuentra mi problema. Pero ya no soy la misma, ya crecí y me achiqué, ya me queda un paso menos que dar frente a los interminables que quedan por delante.

El hombrecito de chaqueta corta


contempla el prado horizontal del mar

al pie de un imponente pedestal

que sostiene el gigante de los libros

-el cual parece todo un gran señor

con sombrero y gabán sobre volúmenes-

que cubre con su sólido paraguas

al hombrecillo que no tiene libros.

Debe estar lloviznando mansamente

porque las tres gaviotas vuelan bajo.

El pequeño no cree que ha de irse

a otro confín; ni quiere suicidarse

pues ni puerta precisa para hacerlo.

Quizás el sueñe igual que lo hago yo

si a la alfombra del mar me asomo acaso;

Pero no me protege nadie a mí.

También –ya sin los libros que deje-

he pensado como Virginia Wolf

llenar de peso todos mis bolsillos

metiéndome en el agua hacia la nada.

Y voy juntando trozos de adoquines

que encuentro en mis paseos. Pero no me decido

y los devuelvo a la ciudad a sus calles

que forman los momentos de mi ser.

José Agustín Goytisolo – Los Momentos de mi Ser

Y lo que acá termina, recién empieza.

Bibliografía

  • BUCHHOLZ, Quint. El libro de los libros, historias sobre imágenes (1998). Editorial Lumen. España.
  • CORTÁZAR, Julio. Rayuela (1963). Editorial Alfaguara. Buenos Aires, Argentina.
  • LARROSA, Jorge. La experiencia de la lectura, estudios sobre literatura y formación (2003). Editorial Fondo de Cultura Económica. México.
  • SARTRE, Jean Paul. Las palabras (2003). Editorial La Página; Editorial Losada. Buenos Aires, Argentina.
  • SARTRE, Jean-Paul; DE BEAUVOUR, Simone. ¿Para qué sirve la literatura? (1970). Editorial Proteo. Buenos Aires, Argentina.
  • http://es.wikipedia.org/wiki/Palabra#Morfolog.C3.ADa_y_componentes_de_la_palabra
  • http://www.psicoanalisis-s-p.com.ar/homenaje_sartre007.htm


[1] CORTÁZAR, Julio. Rayuela (1963). Editorial Alfaguara. Buenos Aires, Argentina. Pág. 532.

[2] SARTRE, Jean-Paul; DE BEAUVOUR, Simona. ¿Para qué sirve la literatura? (1970). Editorial Proteo. Buenos Aires, Argentina. Pág. 94.

[3] LARROSA, Jorge. La experiencia de la lectura, estudios sobre literatura y formación (2003). Editorial Fondo de Cultura Económica. México. Pág. 16.

[4] http://es.wikipedia.org/wiki/Palabra#Morfolog.C3.ADa_y_componentes_de_la_palabra

[5] http://www.psicoanalisis-s-p.com.ar/homenaje_sartre007.htm

Monday, May 03, 2010

¿En el cielo hay bicicletas......

Saturday, May 01, 2010

Ahora ...

acaricia el borde caprichoso
de la duda y la extrañeza...