“En la bondad se encierran todos
los géneros de la sabiduría”
Ernesto Sábato
los géneros de la sabiduría”
Ernesto Sábato
Nos embarcamos en una odisea de aventuras, de dudas, en un montón de hierbas que nos sacudían. De pronto, salimos con sus aromas a derramarlos por los jardines de las infancias, conectando pasajes de espacios disimiles que no simplemente nos llamaban por lo misterioso y etéreo de la vida, sino que nos invitaban a aventurarnos, a descalzarnos sobre esa cerámica de agua, dejando gotas en cada lugar recorrido
No eran gotas de lluvia, era agua mirando agua, donde ese barco llegó prudente, cuidadoso y esperanzado en el murmullo de las olas. Logramos conquistarlo, se cargó de enérgicas miradas que le sonreían al pasar. No queríamos desembarcar, no queríamos que el ancla tocara la superficie. Y ahí estaban los niños, que le dieron un nuevo sentido a esa odisea. Momentos, de desconciertos, de ilusiones y satisfacciones.
¿Qué buscábamos al compartir esos momentos con las infancias? ¿Qué brújula nos guió hasta el cardinal que buscábamos? Proyectamos una línea y escarbamos en la profundidad de lo desconocido, arriesgándonos a vivir nuevas experiencias.
Desbordamos, nos jugamos como maestros y como estudiantes a crear y recrear, donde las palabras y las imágenes transitaron nuestros bordes más sensibles. Los niños fueron “filósofos” inventando neologismos, imaginando, construyendo entre lo absurdo y lo disparatado, arriesgándose a crear escenarios desconocidos y seres fantásticos. Rompecabezas, imágenes, animales, relatos, historias, guiaron nuestros andares por el espacio. El aire, mareado de recuerdos, se divirtió en esa fiesta, preferentemente de colores. Una especie de juego agridulce, donde esos obstáculos rígidos que al principio nos invadieron, se fueron enhebrando y superando en cada punto suspensivo, metamorfoseándonos en ese transitar.
Marcela Vega
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